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Historia
La ciudad que Virgilio quiso fundada
por el mítico Dardano probablemente fue una ciudad fortificada por
los Umbros, pasada luego a los Etruscos entre el VIII y VII siglo
A.C. de que se volviò importante Lucumonia. Recibiò la ciudadanía
romana durante la guerra social, no se tiene luego más noticias
ciertas. Cortona tuvo una vida florida en el período municipal y
por lo tanto bajo la señoría del Rainero Casali. Vendida por el
Rey de Nápoles a los florentinos en el 1411, desde entonces siguió
las suertes del Ducado de Toscana.

Construida sobre un contrafuerte
del monte S. Egidio, Cortona es ceñido por paredes poderosas, levigadas
de los siglos y del viento, en los que se abren las antiguas puertas
en correspondencia de las calles que allí suben del llano. El visitador
que se guarda alrededor de lo alto de sus paredes verá a uno de
los más amplios y armoniosos panoramas de Italia: el fértil e inmenso
Val de Chiana cerrado al horizonte de los montes del senese, entre
los que el Amiata y el Cetona desprenden y más de cerca del gran
espejo del Lago Trasimeno.
Numerosas son las tumbas destapadas en el campo de abajo. Entre
los más célebres recordamos aquél denominado el Tanella de Pitagora,
el Melón de Camucia y aquellos del Grano. Ricos los restos guardados
en el Museo de la academia Etrusca en el Edificio Casali, entre
los que la famosa lámpara etrusca del V siglo a.C.. Sobre la cima
de la colina domina la fortaleza medicea. Bajo a ella reluce el
Santuario de Santa Margherita, de cuyo degradan las empinadas calles
a lastrones de la ciudad.

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